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Amistad

Bueno, hace ya un tiempo que no escribía nada y creo que ya va siendo hora de hacerlo de nuevo.

En esta etapa de la vida que me está tocando pasar, reflexiono con bastante frecuencia sobre mis relaciones con los demás, cómo me comporto con las personas que forman parte de mi vida, y cómo se comportan ellas conmigo.

He descubierto que, durante mi vida, he tenido la fortuna de encontrarme con personas que, de manera completamente altruista y sin exigir nada a cambio, se brindan siempre a escucharme, a proporcionarme su ayuda si la necesito, y a no juzgar mis decisiones ni cuestionar mis sentimientos. Incluso si, como a muchos de vosotros os sucederá, pasa un impás de tiempo sin mantener un contacto continuado, debido a las obligaciones y compromisos que todos tenemos con frecuencia. Estas personas son quienes, en mi opinión, de verdad puedo llamar amigos.

Dicen algunos autores que la amistad nace cuando las personas encuentran inquietudes y sentimientos comunes. No estoy en total desacuerdo, pero se me antoja una definición algo corta y no siempre acertada. En mi opinión, un amigo no siempre tiene porqué sentir de igual manera que uno mismo, ni compartir las mismas inquietudes. En cambio, lo que para mi es valioso de un amigo es precisamente la capacidad que podamos tener de aceptar, respetar y apoyar al otro, con sus diferencias de opinión, sentimientos e inquietudes. No cabe duda de que, cuando se comparten intereses, aficiones, opiniones y demás, se disfruta enormemente del tiempo que uno pasa con los amigos, pero también se corre el riesgo de limitar la visión de las cosas. Porque de esa manera, se tendría algo así como “cajitas” estancas, en las que habría amigos para según qué cosas. Sé que puedo estar hablando de una cierta utopía, pero como antes os decía, me siento muy afortunado de poder decir que tengo amigos “sin cajitas”. Esto es, puedo compartir con ellos casi cualquier cosa, hablar sobre cualquier asunto, quejarme de cualquier situación, aunque no tengan ni la más remota idea de lo que les estoy hablando. Y aun así, sentirme apoyado, escuchado  y comprendido. Un buen ejemplo lo podemos tener con la relación de amistad de los dos personajes de la imagen de portada de este post.

Por estos y por otros muchos motivos, a todos vosotros quienes considero amigos, os doy las gracias. No por nada en particular, simplemente por el hecho de existir, y de que nuestros caminos en la vida se hayan encontrado.

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